¡Auxilio!Mi Hijo es Insulino Dependiente

Este relato no habla sobre qué es la diabetes, sus síntomas, su tratamiento. ¡No! Aquí cuento mi experiencia  como madre cuando mi hijo de nueve años fue diagnosticado Diabético Insulino Dependiente, mis sentimientos, mis temores, mis enojos, y como a medida que pasa el tiempo el lago vuelve a la calma.    Intento dar esperanzas y mucha luz a aquellos padres que están pasando por esta etapa, y que sienten que no pueden expresar en palabras lo que desborda su corazón.

Hace ya tres años diagnosticaron a mi hijo como Diabético Insulino Dependiente,  cómo explicarles lo que sentí ese día, una mezcla de rabia, dolor, enojo, pero sobre todo mucho miedo.   Seguramente ustedes si pasaron por el debut de sus hijos, debieron sentirse igual.   Uno espera que cuando nuestros hijos manifiestan algunos de los síntomas de la diabetes el médico recete una dieta especial, mucho ejercicio, hasta una medicación, nunca esperamos que nos diga que la única solución es inyectarse insulina toda su vida.  El día que la diabetologa sin ninguna anestesia me dijo “es Diabético, hay que inyectarle ya la insulina, porque sus valores de azúcar en sangre están descontrolados y lo tienes que internar “, no hay palabras que expliquen que sentí.   A veces solo podemos sentir, no existen palabras que expliquen eso que sentimos.    En ese momento solo quieres llorar, salir corriendo sin rumbo, desear que sea un sueño del que vas a despertar pronto.   Pero pronto te das cuenta que no es un sueño, que es real, ahora eres la madre o el padre de un niño Diabético Insulino Dependiente, y deberás vivir con ello.

Enseguida surge la culpa, lapidaria, cruel, si hubiese hecho esto o aquello seguramente esto no hubiese sucedido, por qué no me di cuenta antes.   De la mano de la culpa vienen las preguntas sin respuesta, ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi hijo?.   Aunque todos conocemos la importancia de la genética, pensamos que a nosotros no nos va a pasar.  Son etapas que tenemos que vivir.  Hay preguntas que podemos responder y otras no, pero el tránsito es duro, lleno de dudas, temores y mucha angustia.

Y un día te das cuenta que ya no podes seguir enojado, paralizado, porque hay una personita que está pasando mucho peor que tú, y que te necesita con todo su ser.              Y todo tiene que cambiar, habrá buenos y malos días, habrá muchas dudas, tendrás que informarte e investigar, tanto, que un día te volverás un experto en conteo de carbohidratos, en dosis de insulina, en dietas y podrás ayudar a otros que están pasando lo mismo que tú.    Te vuelves amigo de la enfermedad, la conoces, la dominas y convives con ella, todos los días.   ¡Tienes que hacerlo!

Entonces de pronto el lago está en calma, y puedes poner en palabras aquello que desbordaba tu corazón.   Quiero contarte que se puede, que hay sueños, que no hay límites, que la medicina avanza a pasos agigantados, y que nunca podemos perder la esperanza que todo va a estar mejor.

 

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