Ellis

No es fácil ser Ellis, no es fácil ser la que siempre se porta mal, no es fácil ser la que rompe las plantas, los muebles, los zapatos, la ropa, y sin embargo de mis hijas de cuatro patas es la que más amor necesita y reclama.    Siempre que pienso en Ellis, la imagino como un niño,  que se porta muy mal, que siempre consideran culpable de todo,  que llama la atención todo el tiempo, que todo el mundo resonga, y sin embargo es el que más amor tiene para dar, y  más amor necesita recibir.

Ellis es una Weimaraner de cinco meses, raza hiperactiva si las hay, inquieta, curiosa, todo llama su atención, todo le parece que merece ser investigado, olido, mordido, y así pasa sus días no puede estar quieta un minuto, siempre tiene que estar acompañada, la soledad no es una opción.    Cuando está sola surge su lado más destructivo, algo va a aparecer destrozado, alguna planta va a dejar de existir, o algún zapato ya no va a tener su par.    Su síndrome de hiperapego la domina, siempre necesita estar acompañada, sentirse querida, cuidada y protegida.  ¿Y quién no? Perro o humano, necesitamos de los demás, el sentimiento de pertenecer, de ser miembro de una manada.

Esta que les presento es Ellis, yo le digo siempre a mi esposo que es igual a él.   Él es uno de los hijos varones menores de 8 hermanos, siempre fue hiperativo, curioso, travieso, siempre tenía la culpa, como era el que se portaba mal casi siempre, todo lo que pasaba era su culpa, aunque a veces fuera inocente.   En mi casa es uno de los que más resonga a Ellis, de los que más se enoja con su conducta desordenada y a veces destructiva, y yo siempre le digo lo mismo, “de qué te enojas, si es igual a vos”.   Muchas veces he leído que las mascotas se parecen a sus dueños, en mi casa lo he comprobado.

El amor que puede dar una mascota no tiene limites, estoy segura que Ellis nos ama, somos parte absolutamente necesaria de su vida, nos necesita mucho más que nuestras otras mascotas, para mi es insustituible, no me imagino nuestra casa sin ella, sin sus metidas de pata, sin su mirada curiosa, sin sus dulces ojos azules.   Sé que necesita límites, como todos, intento ponérselos, pero me cuesta mucho, siempre me gana.

Le encantan los besos y los abrazos, también que la peinen y le limpien la cara con una toallita húmeda, las bananas y los malvaviscos .   Es nuestra bebé más pequeña, y la más malcriada.

 

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